Viernes 16 de Agosto de 2013

“La emoción de darle la mano a Francisco, el Papa de la gente”

  • Jonatan Fabbian
  • Mundial de Fondo

Tras presidir la misa de la Asunción de la Virgen en Castel Gandolfo, Jorge Bergoglio retornó una hora más tarde, se acercó y estrechó sus manos con quienes quedábamos en la plaza.

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com/

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

El Papa de la gente

Foto: www.mundialdefondo.com

“Acá es cuando me dio la mano Francisco”, repetían una y otra vez las chicas llorando de la emoción mientras se mostraban las grabaciones de sus cámaras. Yo las miraba desorientado, es que también estreché mis dos manos con él. Mi mente tenía la imagen congelada del momento en que intercambié mirada, sonrisa y manos con el Papa argentino.

El primer saludo con Francisco. Luego de la solemne y multitudinaria misa en homenaje a la Virgen María, el Papa volvió tras su almuerzo a la plaza donde se celebró la Eucaristía para entrar a la Basílica del lugar. En el trayecto del auto, bajó la ventanilla para saludar y fue ahí cuando tuve la primera interacción con Jorge Bergoglio. “¡Padre Jorge!”, exclamé con remera argentina en mano; giró la cabeza, me miró y saludó sonriente con un “¡Ciao!”, que es el saludo en italiano. Lo miré al argentino con quién compartimos los 40 minutos desde la Termini de Roma hasta Castel Gandolfo, Lucas Leoni, quien me gritó: “¡Que saludo te dio el Papa querido!”.

Una emoción indescriptible, lo que vivimos el puñado de argentinos al tener contacto con el Papa. A los cinco minutos, el Papa salió de la Basílica para caminar los cien metros y saludar a las aproximadamente 250 personas que quedamos detrás del vallado. De esa cantidad, de Argentina había un grupo selecto de adolescentes que se encuentran de viaje de egresados en Roma, y algunos más. En el recorrido, el Papa salió derecho donde estaban las chicas haciendo lio, ese lio que le agrada, cantando y gritando por Francisco. Y continuó los cien metros del vallado para saludar a todos. A mitad de camino estaba yo. Parafraseando una frase futbolera que dice “equipo que gana no se toca”, en este caso fue “saludo que prospera, no se modifica”. Lo veo venir de frente y no me sale otra cosa que gritarle: “¡Padre Jorge!”. Emoción difícil de describir. Recuerdo que me mira con una sonrisa enorme de felicidad y toma mis dos manos. Un fuerte apretón con el Papa durante cinco segundos que me dejó mudo. No atiné a más que mirar a la cara a Francisco y disfrutar el momento.  

“¡Esa es mi manooo… no puedo más!”, gritaba a los cuatro vientos y llena de lágrimas una de las chicas. Lo miro a Lucas y veo como le tiemblan las dos manos, una con la camiseta de San Lorenzo que fue tocada por Su Santidad. “¡No la lavo nunca más!” y “¡Mirá cómo estoy!”, es lo que alcanzó a balbucear tartamudeando por la situación vivida. A todo esto, yo también en otra dimensión, llevo la camiseta argentina a mi cara para secarme los ojos y esbozo mis primeros vocablos a un minuto de haber apretado las manos del Papa: “Esto es muy fuerte”.

Como suelo decir en casos excepcionales, son momentos en que los sentimientos superan la labor periodística y la capacidad de transmitir con fidelidad suprema lo acontecido. No es moneda corriente que el Papa sea argentino, que uno se contemporáneo y mucho menos la posibilidad de estar en contacto. Estar a menos de diez metros de Francisco en las celebraciones de la Jornada Mundial de la Juventud en Rio de Janeiro fue una experiencia religiosa. Pero ser testigo de un Ángelus en la Plaza de San Pedro a 50 metros en el mismísimo Vaticano fue más escalofriante. Y estrechar las manos con el Papa argentino en Castel Gandolfo fue una emoción indescriptible.

Durante la homilía, el Papa se centró en tres palabras respecto a la Virgen María “que siempre nos acompaña, que siempre está con nosotros: lucha, resurrección y esperanza”. Lucha porque “sostiene a los cristianos en el combate contra las fuerzas del mal”. Resurrección porque “María también conoció el martirio de la cruz, vivió la pasión del Hijo hasta el fondo del alma y estuvo completamente unida a Él en la muerte, y por eso ha recibido el don de la resurrección”.  Y al hablar de Esperanza, repitió uno de esos mensajes que “más me gustan”, como Francisco reconoció: “No nos dejemos robar la esperanza”. El Papa manifestó que la esperanza es “una fuerza que es una gracia y don de Dios “. Desarrolló que esa esperanza es la que conforta en pruebas y dificultades, que la Virgen acompaña a todos los cristianos que sufren en el mundo: “allí donde el Cuerpo de Cristo sufre hoy la Pasión”.

Castel Gandolfo es el lugar donde se encuentra la residencia estival de los Papas, donde Francisco fue recibido con especial calidez por sus habitantes. Jorge Bergoglio eligió hacer la celebración en esa localidad marcada por el lago volcánico de Albano, aunque decidió no trasladarse en el presente verano europeo, sino quedarse en el Vaticano para trabajar. Castel Gandolfo fue el lugar donde un puñado de argentinos tuvimos la dicha de darle la mano al Papa. Todos recordaremos esa tarde de jueves, feriado en Italia. Una jornada de un calor galopante. Aunque el calor de parte de Franciso para con la gente fue lo más alucinante.

Las adolescentes argentinas no paraban de cantar: “El Papa toma mate”, “El Papa come asado” y “El Papa es argentino”… Tanto que luego de que el auto que trasladó a Francisco se retiró, las chicas fueron las protagonistas y entrevistadas unos cuantos minutos por el canal religioso de la TV italiana.

A Jorge Bergoglio le gusta estar en permanente contacto con la gente, lo disfruta, de tal modo que se expone en demasía y es consciente de eso. Pero prefiere ser él. Ya es sabido que les trae más de un dolor de cabeza a los hombres de seguridad del Vaticano. Pero a los mismos hombres de seguridad, ya se los nota más desenvueltos y hasta atraídos por la personalidad del Papa argentino. Un Papa que es adorado en Italia por características que están a la vista: humildad, convicción, fe, carisma y alegría. Esa son las cualidades que provocan el cariño del pueblo hacia el Papa. No tengo dudas en afirmar que somos afortunados de vivir en épocas del Papa argentino… El Papa Francisco…. Definitivamente, el Papa de la gente.


Compartir:

Noticias Relacionadas


Tu comentario

 
 
 
 
 
 

Diario Tiempo Nacional/Internacional
© DIARIO TIEMPO DIGITAL - Diario Tiempo Digital. Diario matutino de la ciudad de 9 de Julio Edición Nacional / Internacional. Fundado el 1ero. de octubre de 1995 - 9 de Julio - Pcia. de Buenos Aires. Tel.: (02317) 430285 - Libertad 759.
Propietario: Juan Enrique Cambello S.R.L
Director: Juan Enrique Cambello
Dirección Nacional de Derecho de Autor: 64918281
Edición: 2387